Armonías de color: complementarias, análogas, tríadas
Las armonías son recetas para elegir colores que se llevan bien. Son atajos, no reglas, y saber qué hace cada una alcanza para dejar de adivinar.
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Complementarias: contraste máximo
Dos colores opuestos en el círculo. Cada uno hace ver más intenso al otro, y por eso los usan los equipos deportivos, los carteles de cine y los anuncios de rebajas. La trampa es el equilibrio: al cincuenta y cincuenta se pelean y el ojo no tiene dónde descansar. Dale a uno alrededor de una décima parte del espacio y se convierte en el acento que hace cantar al otro.
Análogas: tranquilas y coherentes
Tres colores vecinos en el círculo: un azul, un azul verdoso y un verde. Comparten suficiente luz como para sentirse una sola idea, y por eso la naturaleza se lee armónica incluso cuando es estridente. El riesgo es la planitud: sin variación de luminosidad todo se vuelve una sola mancha. Elige uno que domine, uno que apoye y usa el tercero con medida.
La tríada y las que siguen
Tres colores a la misma distancia en el círculo se mantienen vivos y se equilibran entre sí, por eso sostienen marcas infantiles y portadas de juegos de mesa. Más allá de la tríada aparecen la complementaria dividida —una versión más fácil, donde el opuesto se reemplaza por sus dos vecinos— y la tétrada, cuatro colores en dos pares complementarios, que casi siempre necesita que uno se apague para sobrevivir.
Lo que hay que recordar
Elige la armonía según el trabajo: complementaria para que algo resalte, análoga para mantener la calma, tríada para tener vida sin caos.
Mira las armonías en paletas reales